
Salario en caída: perdió un 35% de poder real de compra desde 2023

Recesión y poder adquisitivo en Argentina
El salario real en Argentina no atraviesa un simple ajuste, atraviesa una etapa de contracción estructural. La pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos ocho años configura un fenómeno que excede a un gobierno y que, desde 2023, se profundizó hasta niveles que tensionan el funcionamiento mismo de la economía. Cuando el ingreso de trabajadores y jubilados cae en términos reales, no sólo se deteriora el bienestar social: se achica el mercado y se debilita la demanda agregada. Y sin demanda, la actividad se resiente.
Según el informe “En caída libre” de la Fundación Encuentro, el Salario Mínimo, Vital y Móvil perdió alrededor de 35% de su poder de compra entre 2023 y 2026. En febrero alcanzó el menor nivel de cobertura de la canasta básica total para un hogar tipo en toda la serie disponible. No se trata de una cifra aislada sino de una tendencia. El haber mínimo jubilatorio, aun con bono, acumula ocho meses consecutivos de caída real y se ubica 5,5% por debajo del nivel de hace un año y cerca de 15% por debajo del promedio posterior a la pandemia.
La masa salarial real del sector privado registrado también retrocedió de manera consecutiva entre septiembre y noviembre, a una tasa creciente. La Asignación Universal por Hijo combinada con la Tarjeta Alimentar acumula ocho meses de caída real y perdió diez puntos de cobertura de la canasta alimentaria individual desde junio de 2025. Son datos que describen un fenómeno más profundo: el ingreso disponible se comprime en todos los estratos formales y vulnerables.
Ocho años de erosión salarial
El deterioro no comenzó en 2023. Si se toma como referencia el poder adquisitivo promedio mensual de 2017, un trabajador privado formal perdió el equivalente a 16 salarios de aquel año. Un empleado público resignó 21. Un trabajador informal, 29. La acumulación de pérdida es el dato central. Cuando el retroceso se repite año tras año, el efecto deja de ser coyuntural y pasa a ser estructural.
Desde el inicio de la actual gestión, la dinámica se aceleró. La devaluación inicial y el salto inflacionario impactaron con fuerza sobre ingresos que no lograron recomponerse plenamente. El argumento oficial sostiene que la convergencia entre inflación esperada y ajustes salariales permitirá estabilizar el poder adquisitivo. El relevamiento de PwC muestra proyecciones en torno al 23% tanto para precios como para incrementos salariales fuera de convenio. El problema es que estabilizar no implica recuperar. Si el salario quedó 35% abajo, empatar inflación no restituye lo perdido.
El efecto agregado es visible en la economía real. Cuando el salario mínimo cubre menos canasta básica y las jubilaciones pierden frente a los precios, el consumo se retrae. Las empresas ajustan producción. La inversión se posterga. El círculo se retroalimenta.
Ingresos deprimidos y recesión en puerta
El Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella registró en enero de 2026 una caída de 0,58% mensual y una probabilidad de 99% de ingreso en recesión. Sólo tres de las diez series mostraron variaciones positivas significativas. El Índice de Difusión se ubicó en 30%, señal de que la mayoría de los componentes se mueve en terreno negativo.
El diagnóstico es consistente: ingresos reales deprimidos reducen la capacidad de compra y erosionan la demanda agregada. Sin demanda, el crecimiento se vuelve improbable. La recesión no es un accidente estadístico sino la consecuencia de un proceso de pulverización de ingresos que encoge el mercado interno.
El debate sobre la reforma laboral puede modificar reglas de contratación, pero no crea demanda por sí mismo. La generación de empleo depende de la actividad y la actividad depende del poder de compra. En un contexto donde jubilaciones, salarios formales e ingresos informales retroceden simultáneamente, la contracción se vuelve sistémica.
La economía no se ordena únicamente equilibrando variables fiscales y monetarias. Si el ajuste erosiona el ingreso de manera persistente, la estabilización nominal convive con un deterioro real que termina condicionando el ciclo. La aritmética es sencilla: menos ingreso real implica menos consumo, menos producción y mayor riesgo de recesión.
La pregunta no es si habrá enfriamiento. Los indicadores anticipan una contracción profunda. La cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse un esquema donde la estabilidad descansa sobre salarios comprimidos y jubilaciones en retroceso. La historia económica argentina muestra que los ciclos de ajuste prolongados, cuando afectan de manera transversal el ingreso, terminan impactando en la gobernabilidad.
La economía real no responde a consignas sino a flujos de ingresos y gasto. Y hoy esos flujos están debilitados. Sin recomposición del poder adquisitivo, la recesión no será un episodio breve sino una fase prolongada.
El Salario Mínimo perdió 35% de poder de compra desde 2023 y alcanzó el menor nivel de cobertura de la canasta básica en toda la serie disponible.
Con ingresos reales deprimidos y 99% de probabilidad de recesión según el Índice Líder, la contracción del mercado interno anticipa una caída profunda de la actividad económica.







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