
La morosidad entre jubilados se triplicó y ya golpea a más de 450 mil adultos mayores en Argentina
Los jubilados dejaron de endeudarse para afrontar gastos extraordinarios. Hoy, en muchos casos, toman crédito para llegar a fin de mes. Ese cambio de lógica refleja con crudeza el deterioro de los ingresos previsionales y explica por qué la morosidad se convirtió en una de las principales señales de alarma dentro de la economía real. Según un informe de Provincia Microcréditos, elaborado sobre la base de información del Centro de Deudores del Banco Central (BCRA), más de 450.000 jubilados ya tienen deudas en situación irregular.
El dato resume un deterioro acelerado. En mayo de 2026, el 11,4% de los jubilados registraba incumplimientos financieros, cuando un año antes ese porcentaje era del 4,1%. En apenas doce meses, la morosidad prácticamente se triplicó y dejó al descubierto el impacto que la pérdida del poder de compra está teniendo sobre un universo cuya principal fuente de ingresos es la jubilación.
El fenómeno no ocurre de manera aislada. El mismo relevamiento muestra que el 44,6% de los adultos mayores mantiene algún tipo de crédito, préstamo o deuda vigente. Es decir, casi uno de cada dos jubilados depende del financiamiento para sostener parte de su economía cotidiana.
Cuando la deuda deja de ser una herramienta y pasa a ser una necesidad
El crecimiento simultáneo del endeudamiento y de la morosidad revela una dinámica preocupante. Durante años, acceder a un crédito podía servir para enfrentar un gasto puntual o realizar una compra importante. Hoy, para una porción creciente de jubilados, ese mecanismo funciona como un puente para cubrir alimentos, medicamentos, servicios o gastos corrientes.
El informe de Provincia Microcréditos atribuye este escenario al deterioro del poder adquisitivo de las prestaciones previsionales. Incluso contemplando los bonos extraordinarios, la jubilación mínima perdió un 19% de su poder de compra respecto de noviembre de 2023. La situación se agrava porque el bono de $70.000 destinado a los haberes más bajos permanece congelado desde diciembre de 2024, mientras los precios continuaron avanzando.
La consecuencia aparece rápidamente en los registros del sistema financiero. Cuando los ingresos alcanzan cada vez menos, el crédito deja de ser una opción y se convierte en una obligación. Pero si las cuotas empiezan a superar la capacidad de pago, el endeudamiento termina alimentando un círculo difícil de romper.
El problema también se refleja en el conjunto de la economía. En mayo, la irregularidad crediticia alcanzó al 12,8% de la población y llegó al 18,6% en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el deterioro entre los jubilados adquiere una dimensión particular porque afecta a un sector con escasas posibilidades de recomponer ingresos mediante trabajo adicional.
Los números muestran que la inflación puede desacelerarse y los indicadores macroeconómicos mejorar, pero cuando una parte creciente de los adultos mayores necesita endeudarse para sostener consumos básicos, la economía real cuenta una historia distinta. Y esa historia se mide menos en porcentajes que en jubilaciones que ya no alcanzan para vivir sin deber.


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