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title: "Schumacher, la exhalación alemana"
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description: "El alemán se convirtió en una leyenda de la Fórmula 1 a partir de las marcas logradas, entre ellas los siete títulos del mundo. El 25 de agosto de 1991 debutó en la Máxima, en el trazado belga de Spa Francorchamps."
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date_published: "2026-08-25T15:44:00-03:00"
date_modified: "2026-08-25T15:46:43-03:00"
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# Schumacher, la exhalación alemana

Existe un personaje escondido entre estas pistas. Spa Francorchamps representa en el calendario de la Fórmula 1 la visita a Bélgica, en donde se desarrolla uno de los grandes premios más tradicionales de la Máxima y que tatuó su vida deportiva. Si de marcas se trata, podremos citar a Jordan, a Benetton o Ferrari.

En cambio, si vamos por el lado de la rivalidad deportiva no se podrá soslayar nombres pesados y hegemónicos de la categoría más glamorosa del planeta. Ahí aparecen pilotos de la talla del recordado brasileño, Ayrton Senna, el finlandés, Mika Hakkinen o el asturiano, Fernando Alonso. De a poco se va dibujando la silueta de un alemán, natural de la ciudad de Kerpen, que tuvo la “irreverencia” de romper la marca de nuestro Quíntuple Juan Manuel Fangio. Si no hicieron trampas, imaginamos que se han dado cuenta de que el personaje en cuestión es nada menos que Michael Schumacher, siete veces campeón de la Fórmula 1.

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Michael Schumacher en el día de su debut en Spa

Lo cierto es que hoy se cumplen 35 años de su debut en la Máxima y 34 de su primera victoria en la especialidad. Ambas situaciones se dieron en el trazado belga, ubicado en los bosques de las Ardenas, de la Región Valona (provincia de Lieja). La llegada de Michael Schumacher a la F1 encuentra raíz en una historia fortuita. El franco-belga, Bertrand Gachot era, allá por 1991, piloto titular de la escudería Jordan, y se convirtió en el hombre que cambió el rumbo de esos tiempos en la categoría.

Gachot sufrió un accidente de tránsito menor en Londres con un taxi. Hubo un roce, un raspón en la vía pública y se armó una discusión con el taxista, que subió de tono. Colegas del “tachero” fueron a solidarizarse con su par y acorralaron al piloto de F1. Allí, Gachot sintió que estaba en peligro, extrajo del bolso de su novia un spray de gas (lacrimógeno) con el que roció la cara de su circunstancial rival.

Sucedió que el uso de ese elemento estaba prohibido en Gran Bretaña, con lo cual Gachot fue detenido y debió presentarse ante el juez poco antes del Gran Premio de Bélgica. No hubo resarcimiento económico posible, ya que el juez lo condenó a seis meses en la prisión de Brixton. Gachot pasó dos semanas allí, y con ello no pudo ser parte del GP de Bélgica. De ese modo, se abrió la puerta para que una alemán desconocido -para muchos Chumacher, fonéticamente hablando- se subiera al Jordan que había quedado vacío, al menos por esa carrera.

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Michael Schumacher en el Jordan con el que debutó en la Máxima

Así fue que tuvo su primera oportunidad oficial en la F1. El joven alemán de 22 años asombró al paddock desde la clasificación, cuando clavó el séptimo tiempo (1m51s 212/000 y quedó a 3s 401/000 del poleman Ayrton Senna) con un auto de medio pelotón. Pese a esto, su primera vez duraría poco, puesto que debió abandonar en la primera vuelta por problemas en el embrague. Ese GP quedó en manos de Ayrton Senna (McLaren/Honda), seguido por Gerhard Berger (McLaren/Honda), Nelson Piquet (Benetton/Cosworth), Roberto Moreno (Benetton/Cosworth), Ricardo Patrese (Williams/Renault) y Mark Blundell (Brabham/Yamaha).

Sin embargo, el natural de Kerpen llamó la atención con su tarea, a tal punto que Flavio Briatore, en ese momento director de la escudería Benetton (hoy al frente de Alpine), puso la mira en el germano, y lo contrató sin dilaciones para el resto de la temporada. Allí comenzaba a tomar forma la leyenda viviente. Es que, en Benetton, Schumacher evolucionó aceleradamente y de promesa pasó ser una realidad tangible.

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El Benetton que catapultó a Schumacher al primer campeonato

Así fue que no tardó en aparecer su primera victoria en la F1, la que se dio en el Gran Premio de Bélgica, el 30 de agosto de 1992 y sobre el mismo asfalto belga de Spa que lo había visto debutar un año antes. En 1994, tras una temporada pareja y marcada por la muerte de Ayrton Senna en Imola, Schumi se coronó campeón del mundo por primera vez, y al año siguiente, en 1995, revalidó la corona, con nueve victorias con el Benetton impulsado con motor Renault.

La marea roja

Ferrari arrastraba una sequía de títulos de pilotos desde 1979; el sudafricano, Jody Scheckter había sido el último moicano ferrarista. Ocurrió, entonces que, en 1996, Michael Schumacher salió del área de confort y fue por nuevos retos, quizás le apuntaba a formar su propio legado. Así se sumó a la escudería de Maranello, en donde los primeros años fueron duros, sin los resultados añorados. Con el alemán, habían desembarcado genios de la Máxima, como Ross Brawn, uno de los más grandes estrategas que se hayan visto, y el diseñador Rory Byrne, quienes bajo la dirección general del francés, Jean Todt sentaron las bases de un equipo invencible.

El quiebre histórico finalmente se dio en la temporada 2000, cuando el de Kerpen le ganó la pulseada anual al McLaren de Mika Häkkinen. Con ello, Ferrari volvía a lo más alto tras 21 años de ostracismo y, al mismo tiempo, se iniciaba un ciclo de dominación implacable. En 2001 logró su cuarta corona, definida varias carreras antes del cierre; en 2002 igualó a Juan Manuel Fangio, pero en 2003 superó ese récord histórico, al sumar su sexto título. Asimismo, 2004 representó una temporada implacable, con la marca de 13 victorias, que lo convirtieron en el séptuple.

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Schumacher con la Ferrari: una dupla imbatible

¿Qué más podía ganar de allí en más? Por ello, en la temporada 2006 decidió el retiro con marcas que pusieron la vara bien alta. Tras de más de tres años de ausencia en las pistas, en 2010 volvió a calzarse el casco para sumarse al nuevo proyecto de las Flechas de Plata, de Mercedes-Benz. Ya no fue lo mismo. Aportó su experiencia en la puesta a punto de los autos antes de su retiro definitivo de la Fórmula 1 al final de la temporada 2012.

Se trató de un verdadero robot humano. Los números que dibujó lo colocan en ese sitial. Fueron siete campeonatos mundiales; 91 triunfos; 155 podios; 68 pole positions y 77 récord de vuelta.

Hoy poco se sabe de aquel alemán más veloz que una exhalación. El accidente de esquí en los Alpes franceses de 2013 le produjo lesiones neurológicas de las que todavía no ha logrado recuperarse dentro de un hermetismo familiar, que buscó y busca resguardar la intimidad de la leyenda de las pistas.

Ese legado que el Káiser supo construir sobre el asfalto y arriba de un monoposto se mantiene intacto, con marcas que elevaron la vara del, virtuosismo.

**Crédito [www.t2.ar](https://www.t2.ar)**

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