
La venta de la joya nuclear, golpe brutal a la ciencia argentina

Privatización nuclear y polémica
Setenta años de historia, premios internacionales, reactores que exportamos como si fueran camisetas de la Selección, y médicos que salvan vidas gracias a la tecnología local. Todo eso, dicen los científicos, está en riesgo de quedar en oferta.
El gobierno de Javier Milei avanza con un plan que suena a remate: vender el 44% de Nucleoeléctrica Argentina, recortar funciones a la Comisión Nacional de Energía Atómica y abrir la puerta a una minería de uranio pensada solo para exportar.
Un “cientificidio” con nombre y apellido
La Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología —un espacio que reúne a sindicatos, becarios y técnicos de distintas instituciones— sacó un comunicado durísimo: hablan de “cientificidio”.
La palabra puede sonar exagerada, pero el punto es claro: lo que se discute no es un presupuesto menor, sino un sector estratégico. Argentina construyó un desarrollo nuclear que fue modelo en América Latina y respetado en el mundo. Hoy, en nombre del ajuste, corre riesgo de convertirse en una sucursal más de la agenda de Estados Unidos.
El argumento oficial habla de “modernización” y “colaboración internacional”. Traducido: venta parcial de Nucleoeléctrica, una empresa que da ganancias, y subordinación a la iniciativa estadounidense FIRST, un programa que impulsa reactores modulares pero bajo condiciones que dejan a la Argentina en rol de segundón. El CAREM, el pequeño reactor diseñado acá y adelantado diez años al resto, podría terminar siendo bandera ajena.
La crítica de la Mesa apunta también al desfinanciamiento, la fuga de técnicos y la desarticulación institucional.
No es paranoia: en cada laboratorio que cierra o cada profesional que emigra se pierden años de inversión y conocimiento. Y lo más grave: la nuclear no es un capricho de nerds. Es energía limpia, es independencia tecnológica y también es medicina: diagnósticos por imágenes, tratamientos contra el cáncer, radioisótopos que hoy salen de nuestras plantas.
Mientras Milei y su equipo celebran la chance de mostrar disciplina ante Washington, los que conocen el paño ven otra película: la de un país que entrega una de sus joyas tecnológicas a cambio de dólares prestados y palmaditas diplomáticas. Argentina construyó un prestigio nuclear que ningún otro país de la región logró. Tirarlo por la borda sería más que un error: sería dinamitar una política de Estado que sobrevivió a dictaduras, crisis y devaluaciones. Y como dijo un científico con bronca en la voz: “las centrales se pueden vender, pero la soberanía no se recompra en Mercado Libre”.








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