
Espert, al filo: Milei lo blinda, Bullrich lo dinamita (con banca Macri)

Escándalo narco y rosca libertaria
En política, la negación es un recurso clásico. Pero en el mileísmo se ha convertido en religión. José Luis Espert, economista liberal y candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires, está bajo sospecha por presuntos vínculos financieros con el empresario narco Federico “Fred” Machado.
Y mientras Patricia Bullrich le pasó la motosierra mediática sugiriendo que debía dar un paso al costado, Javier Milei eligió el camino opuesto: blindarlo.
El choque fue público. La ministra de Seguridad declaró que “no podemos aceptar personas que hayan recibido plata de narcos” y remató con un “es muy importante aclarar la situación ya”.
La frase no necesitó traducción: para ella, Espert está contaminado y debería dar explicaciones o correrse. Milei, en cambio, se refugió en su épica de siempre: “chimentos de peluquería”, “operaciones berretas”. El resultado fue una contradicción en vivo: la jefa de la lucha contra el narcotráfico diciéndole narco-candidato al hombre que el presidente eligió como cabeza de lista en el distrito más grande del país.
El problema no es solo comunicacional. El mileísmo tenía previsto un acto en San Isidro con Milei y Espert, pero la actividad fue suspendida y aún no tiene fecha. Formalmente se habló de “reprogramación”. Off the record, nadie quiere fotos de campaña del presidente caminando con un candidato manchado por 200 mil dólares de un narco. Una imagen así, en plena crisis de seguridad, sería dinamita.
Blindaje parlamentario y barro judicial
El otro frente se juega en el Congreso. La oposición reclamó la salida de Espert de la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Desde la Rosada respondieron con reglamento en mano: “Nunca pasó desde el ‘83 que se saque a alguien por una denuncia mediática”. Y cerraron filas. La orden es sostenerlo, incluso si el costo político es alto.
La denuncia que llegó a los tribunales federales habla de encubrimiento, lavado de activos y asociación ilícita.
El texto es contundente: menciona vuelos privados pagados por Machado, uso de camionetas blindadas vinculadas a su círculo y una transferencia de 200 mil dólares certificada por la Justicia de Texas en 2020. El contraste con los balances presentados en la Justicia Electoral —donde apenas se declararon micros por 58 mil pesos— deja al desnudo que los números no cierran.
En la Rosada insisten con que todo es “opereta de Grabois”.
Pero lo que antes parecía un refrito de campaña ahora tiene correlato judicial. El fiscal Ramiro González pidió medidas, se certificaron aportes y hasta se mencionó a socios de Machado condenados en Estados Unidos. Es decir, ya no es solo un rumor: hay papeles, transferencias y causas abiertas.
Se prende la llama de una escalada interna
La situación de Espert también desnuda la fractura dentro de La Libertad Avanza. Bullrich, candidata al Senado, no midió palabras: “Si combatimos al narco, no podemos tener candidatos que reciban plata de narcos”. Una frase que en cualquier coalición hubiese sido un misil. Milei respondió con su manual básico: victimización y negación.
La tensión quedó marcada. Mientras Patricia gana terreno con un discurso de mano dura coherente con su marca, Milei se abraza a un aliado que se le vuelve tóxico en la campaña. La imagen es grotesca: el presidente que prometió arrasar con la casta y combatir el narcotráfico sostiene a un candidato señalado por recibir financiamiento del narco.
El costo de la incoherencia se paga caro en política, aunque Milei todavía crea que puede taparlo con tuits.
En la práctica, Espert es hoy un candidato blindado pero inviable en la calle. Difícil imaginar caravanas, actos masivos o recorridas en barrios con un candidato que debe explicar vuelos privados, transferencias y favores de un empresario detenido por narcotráfico. El dilema es simple: Milei no quiere ceder ni un metro, pero cada paso que da con Espert a su lado se convierte en un pantano.
El escándalo Espert es mucho más que un problema de campaña. Es un espejo del mileísmo: la narrativa épica chocando con el realismo político. Milei elige sostener a un aliado cuestionado para no mostrar debilidad; Bullrich expone la incoherencia y capitaliza el rol de guardiana de la “pureza” libertaria.
Mientras tanto, en el Congreso se refugian en tecnicismos reglamentarios y en la calle la pregunta se multiplica: ¿cómo se hace campaña con un candidato sospechado de narco?
La respuesta, por ahora, es la misma de siempre: negar, culpar a otros y seguir adelante. Pero la política tiene sus propias leyes físicas: sostener lo insostenible no es fortaleza, es debilidad diferida. Espert, convertido en símbolo del doble discurso libertario, sigue en carrera porque Milei decidió bancarlo. Lo que no está claro es cuánto cuesta ese blindaje y quién termina pagando la factura.
Lo sostiene, pero Milei no quiere compartir actos con Espert.
Milei eligió blindar a Espert: “ni un paso atrás” pese a la denuncia por 200 mil dólares narco.
Bullrich lo dinamitó en vivo: “No podemos aceptar personas que hayan recibido plata de narcos”.


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