
Trabajo en riesgo en Costa del Este

Costa Dulce, cerrada en verano: 70 familias esperan volver a trabajar
Fue un día pesado en el centro del Partido de La Costa. No solo por el calor ni por el ritmo acelerado del verano, sino por la escena que se repitió frente al edificio municipal: empleados de la panadería Costa Dulce reclamando lo más básico y, a la vez, lo más urgente: volver a trabajar.
El comercio, una confitería-panadería de gran escala y con años de historia en Costa del Este, permanece clausurado desde el 30 de diciembre tras una fuga de gas. Desde entonces, unas 70 personas quedaron sin su fuente de ingresos en plena temporada alta, cuando el movimiento turístico suele sostener todo el año.
La protesta fue pacífica, cargada más de preocupación que de enojo. Una delegación de trabajadores fue recibida por el secretario de Gobierno, Gustavo Caruso, ante quien expusieron la situación que atraviesan. Según relataron, los dueños del local se presentaron con la documentación requerida para avanzar en la habilitación, pero el trámite no se destrabó y se les pidió regresar varios días después.
“Hace días que estamos sin poder trabajar. Somos 70 familias en plena temporada, cuando se supone que es el momento de salvar el año”, contó una de las empleadas, con la voz quebrada. Si se mira más allá del número, el impacto es todavía mayor: detrás de cada trabajador hay hijos, alquileres, comida, pasajes y cuentas que no esperan.
Un cierre que duele más en verano
El golpe se siente con más fuerza porque muchos de los empleados llegaron desde otras provincias para trabajar durante la temporada. Viven al día y dependen de ese ingreso diario. Con el local cerrado, la incertidumbre se vuelve concreta. “Hay compañeros que hoy no tienen para comer”, dijeron, sin exageraciones ni consignas, solo describiendo una realidad cruda.
A eso se suma otro problema silencioso: la mercadería. Gran parte de los productos quedó dentro del local clausurado. Alimentos que se pierden mientras afuera hay trabajadores que no saben cómo cubrir necesidades básicas. “Es comida que se va a tirar y que podría haber servido para muchas familias”, lamentaron.
Los empleados insisten en que cuentan con los cursos obligatorios y la documentación en regla, como el de manipulación de alimentos, y piden una salida provisoria que permita reabrir mientras se completa el proceso administrativo. No desconocen la gravedad de una fuga de gas ni la necesidad de controles, pero reclaman tiempos y decisiones acordes a la emergencia social que se generó.
Costa Dulce no es un comercio más. Es una referencia del corredor costero, una confitería “estrella” que emplea a decenas de personas y forma parte del paisaje cotidiano del verano. Su cierre no solo afecta a quienes trabajan allí, sino también al movimiento económico local.
Al caer la tarde, la protesta se levantó sin respuestas definitivas, pero con una expectativa compartida: que el trámite avance y la persiana vuelva a subir. “Lo único que pedimos es que nos dejen trabajar”, resumió una trabajadora antes de irse.
En tiempos de vacas flacas, cuando cada jornal cuenta, la diferencia entre un expediente que avanza y uno que se demora puede ser, literalmente, la diferencia entre llegar o no a fin de mes. La comunidad espera que esa respuesta llegue a tiempo.




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