
Un 14 de junio de 1986, un eclipse ensombreció la cultura, se despide para siempre, tal vez con cierta pretensión de inmortalidad y permanencia: Jorge Luis Borges.


De mi tierna adolescencia A esta especie de alzheimer en que vivo.
Por las tormentas eternas Pasearé Tu voz de aurora o de abismo.
Y ya entrado en la vejez en que me adentro, me harás bailar como un niño por los bosques destronados Que me vieran fugitivo.
Por Ramiro Guzmán Zuluaga.














