La crisis empuja a las Iglesias: casi la mitad de quienes piden ayuda busca comida, trabajo o dinero

Un informe del OCREAR de la UBA muestra que las iglesias funcionan cada vez más como redes comunitarias. Entre quienes recurren a ellas por ayuda, el 45% busca respuestas frente a necesidades materiales.
 
Actualidad09/08/2026

NOTA IGLESIASPara miles de argentinos, entrar a una iglesia, una parroquia o un templo ya no significa solamente buscar consuelo espiritual. También significa preguntar dónde conseguir alimentos, cómo afrontar una deuda, encontrar una capacitación o conseguir trabajo. El deterioro económico fue ampliando silenciosamente la función social de las comunidades religiosas hasta convertirlas, en muchos barrios, en una de las primeras puertas que se golpean cuando la economía familiar deja de alcanzar.

El dato surge del Tercer Informe 2026 del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias (OCREAR) del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires. Según el relevamiento, el 35,5% de la población acudió durante los últimos doce meses a alguna institución religiosa en busca de algún tipo de ayuda.

Dentro de ese universo aparece el dato más significativo: el 45% pidió asistencia vinculada con problemas económicos, alimentos, capacitación o búsqueda laboral. Ya no se trata únicamente de acompañar una enfermedad, un duelo o una crisis personal. La necesidad material también entró al templo.

Gabriela Irrazábal, investigadora del estudio, explica que en un contexto social complejo estos espacios continúan funcionando como puntos de referencia donde las personas encuentran desde contención emocional hasta apoyo concreto. Mariela Mosqueira aporta otra dimensión: el 16% del total de los encuestados reconoce apoyarse en instituciones religiosas para resolver dificultades económicas o laborales.

 

Cuando la comunidad cubre los huecos de la economía

La incidencia no es igual en todos los sectores sociales. Entre quienes no completaron la escuela secundaria, el 42,8% acudió a una institución religiosa buscando algún tipo de acompañamiento. En ese grupo, el 12,5% lo hizo específicamente por necesidades económicas o alimentarias. Entre quienes poseen estudios superiores, en cambio, la proporción total de personas que recurrió a esos espacios desciende al 26,6%.

También aparecen diferencias por edad. Las personas de 50 años o más son quienes más recurren a estas redes: el 45% solicitó alguna forma de ayuda durante el último año. Entre los jóvenes de 16 a 29 años el porcentaje fue del 34%, mientras que en el segmento de 30 a 49 años bajó al 27,6%.

Los adultos mayores también muestran mayor demanda de acompañamiento espiritual y sanitario. El 32,8% buscó apoyo religioso y el 16,2% acudió por problemas relacionados con la salud, proporciones sensiblemente superiores a las registradas entre los más jóvenes.

El relevamiento del OCREAR fue realizado durante 2026 sobre una muestra probabilística nacional de 904 personas mayores de 16 años. Más allá de las identidades religiosas particulares, sus resultados permiten observar algo que suele escapar a los grandes indicadores económicos: dónde busca ayuda una familia cuando sus propios recursos ya no alcanzan.

En numerosos barrios, esas redes existen mucho antes de que aparezca una emergencia. Parroquias, iglesias evangélicas, templos y comunidades religiosas conocen a las familias, organizan alimentos, escuchan problemas y conectan personas con otras instituciones. No reemplazan al Estado ni solucionan por sí mismas la pobreza, pero muchas veces absorben el primer impacto de una crisis que llega a la puerta antes que cualquier política pública.

Ahí reside la otra lectura del informe. Cuando casi la mitad de quienes buscan ayuda en un templo lo hace por comida, empleo o problemas económicos, la estadística religiosa también se transforma en un indicador social. La fe sigue llevando gente a las iglesias, por supuesto. Pero cada vez más personas llegan además con una bolsa vacía, una deuda atrasada o un currículum bajo el brazo. Y cuando eso ocurre, el templo deja de ser solamente un lugar donde se pregunta por el cielo: también se convierte en uno de los sitios donde todavía alguien responde cuando aprieta la vida acá abajo.

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