Milei pierde a los jóvenes: la crisis económica y Malvinas golpean su principal bastión electoral

El respaldo juvenil al Gobierno cayó de casi 50% a 38%, según Zuban Córdoba. La precariedad económica explica buena parte del retroceso, pero aparece otro factor incómodo para Milei: una identidad nacional que choca con su admiración por Thatcher y su alineamiento atlántico.
Actualidad11/08/2026

NOTA JOVENES Los jóvenes fueron la infantería electoral de Javier Milei. Lo hicieron presidente, dominaron la batalla cultural en redes y convirtieron al libertario en algo más importante que un candidato: una identidad generacional. Ahora ese activo empieza a desarmarse. Según el último relevamiento de Zuban Córdoba, el respaldo juvenil al Gobierno cayó hasta el 38%, después de haber rondado entre 48% y 50% antes de las elecciones del año pasado. Una pérdida de más de diez puntos en el territorio donde Milei parecía invulnerable.

El deterioro se profundiza entre los varones mayores de 25 años. No parece casual. Es la edad en que la épica empieza a encontrarse con el alquiler, la comida, el trabajo y las cuentas. El joven que podía celebrar el ajuste como una abstracción empieza a descubrirlo cuando mantiene una familia, encadena dos empleos o directamente no consigue uno.

Gustavo Córdoba, director de Zuban Córdoba, identifica justamente a la economía como uno de los motores centrales del cambio. Entre los menores de 25 años Milei todavía conserva mayor capacidad de resistencia, aunque también allí retrocede. La frontera parece menos ideológica que biográfica: cuando aparecen obligaciones económicas, la paciencia con el experimento libertario se acorta.

Y eso representa un problema electoral serio. Milei construyó buena parte de su potencia sobre jóvenes que no sólo lo votaban sino que militaban culturalmente por él. Perder un votante cuesta un voto. Perder a alguien que discutía por vos en TikTok, Twitter, una facultad o una mesa familiar cuesta bastante más.

 

Del bolsillo a Malvinas

Pero sobre esa erosión económica apareció un segundo fenómeno que el Gobierno parece haber leído tarde: el regreso de una sensibilidad nacional que no necesariamente coincide con el nacionalismo tradicional, pero tampoco acepta con naturalidad el alineamiento atlántico de Milei.

El disparador fue simbólico. Después de la victoria argentina sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial, los jugadores reclamaron desde el campo aquella bandera plebeya sobre Malvinas que había aparecido en la tribuna. La escena explotó en redes y convirtió durante horas una cuestión histórica en identidad generacional presente.

Según Zuban Córdoba, uno de cada cuatro internautas a nivel mundial buscó referencias vinculadas a Malvinas alrededor de aquel episodio. Más importante para la política doméstica: ante la consulta sobre si la soberanía puede resultar determinante electoralmente, el 68% de los argentinos respondió afirmativamente.

Ahí Milei tiene una contradicción difícil de resolver con un hilo de Twitter. Su admiración pública por Margaret Thatcher, su fuerte alineamiento con Estados Unidos e Israel y una política exterior explícitamente occidentalista pueden convivir perfectamente con el ideario libertario. El problema aparece cuando dejan de convivir con el imaginario de una parte de sus propios votantes.

Porque aquellos jóvenes que rechazaban el progresismo no necesariamente rechazaban la identidad nacional. Milei pudo haber confundido ambas cosas.

El dato general completa un panorama complicado: Zuban Córdoba ubica entre 60% y 65% la demanda social de cambio respecto del rumbo actual y estima que alrededor del 60% no acompañaría electoralmente al Gobierno. Falta mucho para votar y ninguna encuesta dicta una elección, pero el Presidente perdió margen.

La economía seguirá siendo la llave. Si el ingreso mejora, Milei podrá recuperar terreno. Si no mejora, la discusión identitaria agrega combustible donde antes tenía fidelidad.

La ironía es exquisita: Milei conquistó a una generación prometiéndole rebelarse contra todos los símbolos heredados. Ahora descubre que algunos de esos jóvenes también podían rebelarse contra él. Y que entre la motosierra y una bandera argentina reclamando Malvinas desde una tribuna, no estaba escrito de antemano cuál de las dos imágenes iba a resultar más poderosa.

  

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