
Ronnie Peterson, un Rey sin corona
El pasado fin de semana, Franco Colapinto copió con su Alpine las rápidas curvas y rectas del circuito de Monza. Se fue dejando caer alguna lágrima de bronca y angustia por una oportunidad perdida, según su óptica. Allí 48 años atrás también hubo lágrimas, pero de otra índole, con diferente raíz. Un 10 de setiembre de 1978 se corrió el Gran Premio de Italia en el Autódromo Nazionale di Monza, y quedó estampado como una de las jornadas más oscuras de la historia de la Fórmula 1.
Debía ser un día de fiesta para algunos, puesto que se podía definir el campeonato de ese año, pero todo terminó bajo un profundo dolor y consternación. Es que se apagó la vida de Ronnie Peterson, en lo que fue un fatal accidente. La historia parecía estar escrita de antemano. En los entrenamientos previos del domingo por la mañana, el acelerador del Lotus 79 del Súper Sueco se quedó trabado, que derivó en una espectacular salida de pista, que dejó el auto muy averiado, aunque el piloto salió ileso del golpe.
Ronnie Peterson en el Lotus
Para que el sueco no se quedara de a pie, el equipo Lotus echó mano el viejo modelo 78 del año anterior, luego de que no lograra acondicionar el muletto modelo 79, que estaba configurado para Mario Andretti, el 1 de la escudería orientada por Colin Champan, quien era más bajo que el sueco. Se trataba de un monoposto que estaba lejos de ser competitivo un año después. Peterson movió desde la quinta posición de la grilla junto a autos más modernos. Sin embargo, hubo luego otros condimentos que ayudaron a que ese GP de Italia fuera el último acto de Ronnie Peterson. Y lo fue el caos de la largada.
¿Error humano?
En aquel entonces el dibujo de Monza, si bien ya era una invitación a la velocidad, la recta principal no era la de hoy y muchos la catalogaban como una trampa mortal. El ancho permitía que varios autos avanzaran a la par, pero unos 100 metros, tal vez 150, más adelante, esa pista se estrechaba para desembocar en la primera chicana. Ese diseño resultó el umbral de la catástrofe, pero ayudó, y mucho la mala ejecución del procedimiento de salida.
El reglamento marcaba que todos los vehículos debían estar completamente detenidos en sus respectivos cajones antes de que se encendiera la luz verde, como lo es hoy. Sin embargo, erróneamente se encendió la luz verde cuando sólo los monoplazas de las primeras filas (Mario Andretti y la Ferrari de Gilles Villeneuve) se habían detenido, ya que los autos de la segunda mitad de la grilla todavía estaban en movimiento. Semejante desincronización provocó que la parrilla se pareciera a un bandoneón. Es que los autos de la parte trasera llegaron a la zona de aceleración con una velocidad mucho mayor que los de adelante. El resultado: 24 autos formaron un embudo humano y metálico antes de negociar la chicana.
El accidente que le costó la vida a Ronnie Peterson
Lo inevitable
El choque múltiple era inevitable y así fue no más. A casi 200 km/p/h, el Arrows de Ricardo Patrese (durante muchos años el italiano fue señalado como el gran responsable de aquel accidente) eligió ir por el lado derecho de la pista, pero cuando se quedó sin asfalto y debió cerrarse tocó al McLaren de James Hunt. que salió despedido hacia la izquierda y en su camino se llevó puesto al Lotus 78 de Ronnie Peterson.
El auto negro y dorado dio de lleno y con su parte delantera contra la contención (se trataban de estructuras de acero rígidas). Un Lotus destrozado y el fuego que se hizo presente a raíz de la rotura de los tanques de combustible quedó en medio de la pista envuelto en humo negro. Acto seguido el choque en cadena que involucró a 14 autos, entre ellos el Surtees de Vittorio Brambilla, quien quedó inconsciente debido al golpe que recibió en el casco de una rueda que voló por el aire.
En medio del pandemonium, James Hunt, Clay Regazzoni, Patrick Depailler y Arturo Merzario detuvieron sus autos y corrieron hacia el infierno de llamas. Ellos fueron los responsables de que Peterson no muriera en el autódromo calcinado. El piloto sueco estaba consciente y en estado de shock traumático, con sus piernas muy comprometidas. Finalmente, Ronnie Peterson fue trasladado en helicóptero al Hospital Maggiore de Niguarda, en Milán, en donde fue estabilizado y a través de estudios se determinó que presentaba un total de 27 fracturas en sus extremidades inferiores (17 en la pierna izquierda y 10 en la derecha).
El accidente que le costó la vida a Ronnie Peterson
Sin embargo, el equipo médico aseguró que no había riesgo inminente para su vida. Por ello, se decidió la intervención quirúrgica para intentar salvar sus miembros inferiores. La operación se extendió durante varias horas en la madrugada del lunes 11 de septiembre, pero horas después, el cuadro se complicó.
Según se detalló en informes de la época, debido a la gran cantidad de fracturas óseas, se liberaron glóbulos de grasa de la médula ósea, que desembocaron en el torrente sanguíneo y migraron hacia los pulmones. Esto provocó una insuficiencia respiratoria aguda y así fue que a las 9:55 de la mañana del 11 de septiembre de 1978, Ronnie Peterson fue declarado fallecido a los 34 años de edad.
Casi como si fuera una burla del destino, Mario Andretti, su compañero de equipo, se consagró campeón del mundo ese mismo día. Claro no hubo fiesta, hubo un funeral. Esta pérdida pegó duro en la F1, ya que se trataba de un piloto tan querido como respetado. Es que su carácter afable y su comportamiento intachable fuera y arriba de la pista lo enaltecían.
Ronnie Peterson junto a su esposa Barbro
Su esposa, Barbro Peterson, su compañera inseparable, nunca pudo asimilar la pérdida. Cayó en una profunda depresión, luchó, pero el 19 de setiembre de 1987 decidió quitarse la vida. Hoy sus restos descansan en el cementerio de Örebro, Suecia, junto a su amado. En la tumba la leyenda reza: “Acá descansan Ronnie y Barbro… están juntos para siempre”.
Su camino arrancó allá por 1971 cuando ganó el campeonato europeo de Fórmula 2 con un March 712, y ese mismo año debutó en la F1, en el Gran Premio de Monaco, arriba de un March 701 con motor Cosworth. Permaneció en March hasta 1973, ya que apareció en su vida Colin Chapman. El recordado constructor lo llevó a Lotus para ser el compañero de Emerson Fittipaldi. De allí pasó a Tyrrell (condujo el bólido de seis ruedas junto a Depailler) para volver a la escudería de Champan en 1978.
En la Máxima, logró diez victorias y 26 podios, fue subcampeón en 1971 y 1978, tercero en 1973 y quinto en 1974. Esa virtuosa carrera se truncó en aquel fatídico Gran Premio de Italia. Se lo recuerda como un piloto veloz, indomable, que fue un ícono de los años 70. Su muerte expuso graves fallas organizativas en la Fórmula 1, que obligaron a replantear por completo sus protocolos de seguridad. Para muchos se trató de un Rey sin corona.
Crédito www.t2.ar








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